Harari TED

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Nacionalismo x globalismo

Vale a pena assistir, com calma e atenção, a TED-entrevista de Yuval Noah Harari (2017), autor de Sapiens (2015).

Harari não chega a afirmar claramente, mas deixa no ar que a saída é glocal (não local ou global). Só faltou dizer que o local conectado é o mundo todo (ou seja, que um sistema de governança global não será global, nem local). Que a totalidade não será unitária e sim fractal e que, portanto, não teremos uma solução única, mas múltiplas – uma espécie de ecologia de diferenças coligadas para tratar das ameaças ambientais e das ameaças de rupturas tecnológicas que afetam diferentemente as pessoas que vivem sob os atuais sistemas locais (nacionais) de governança.

Cómo será el futuro de nuestra especie

El historiador israelí Yuval Harari es el preferido del creador de Facebook y de Barack Obama. Sus ideas sobre el mañana, fascinan… y aterran.

Leandro Zanoni, Clarin, 27/05/2017

Cuando enseñaba historia del medioevo en la universidad, el profesor israelí Yuval Noah Harari nunca imaginó que, a los 40, sería autor de dos best sellers mundiales, leído por millones y recomendado por Barack Obama y Mark Zuckerberg. La fama y reconocimiento le llegó en 2015 con su primer libro, De animales a dioses: breve historia de la humanidad (Debate), donde explica de forma muy simple las tres revoluciones que, según él, marcaron a la humanidad: la cognitiva, la agrícola y la industrial. Muy amigo de las polémicas y de las frases provocativas, publicó después Homo Deus: Una breve historia del mañana, en el que sostiene sin dudarlo que a pesar de los grandes avances que prometen la prosperidad, en este siglo la tecnología y la ciencia convertirán en desechables a la mayoría de las personas. En una entrevista exclusiva con Viva, comentó sus ideas sobre los robots, el futuro del trabajo, Big Data, política, Trump y religión, entre otros temas.

En su último libro, Homo Deus: Una breve historia del mañana, sostiene que el dataísmo es la nueva religión. ¿Podría explicar el término?

La línea que divide la ficción de la realidad se está difuminando porque las nuevas tecnologías nos dan el poder de construir la realidad según nuestros deseos y fantasías. Pronto podremos reescribir nuestro código genético, diseñar cuerpos y cerebros y crear mundos virtuales enteros en el ciberespacio. Es probable que la nueva historia dominante del siglo XXI sea la historia basada en datos, que yo llamo dataísmo. En esencia, el dataísmo dice que todos los organismos –ya sean jirafas, tomates o seres humanos– son sólo diferentes sistemas de procesamiento de datos. Sostiene además que, con suficiente cantidad de datos biométricos y potencia de cálculo, un algoritmo podría entender a los humanos mejor que nosotros mismos. Los seres humanos estamos perdiendo el control porque ya no podemos procesar las inmensas cantidades de datos que nos inundan. Nuestros cerebros se moldearon en Africa hace decenas de miles de años y no están a la altura de este trabajo. Por eso, nadie entiende la economía global, nadie sabe cómo funciona hoy el poder político y nadie puede predecir cómo será la sociedad dentro de 50 años. ¿Qué pasará cuando Google y Facebook lleguen a conocer nuestros gustos y preferencias políticas mejor que nosotros mismos? ¿Qué pasará con el estado de bienestar cuando las computadoras empujen a los humanos fuera del mercado laboral y creen una nueva y enorme clase inútil? Una vez que el poder cambie de humanos a algoritmos, los seres humanos ya no podremos hacer mucho al respecto. El futuro de nuestra especie es aterrador.

¿Los robots reemplazarán a los hombres o los trabajos manuales seguirán existiendo?

Los seres humanos tenemos básicamente sólo dos tipos de habilidades: físicas y cognitivas. Y si las computadoras nos superan en ambos planos, creo que se quedarán con nuestros trabajos. Ahora se están desarrollando varios software de inteligencia artificial que superan a los seres humanos en cada vez más tareas, desde la conducción de automóviles hasta el diagnóstico de enfermedades. Los expertos estiman que, dentro de unas pocas décadas, no sólo los taxistas y los médicos, sino que la mitad de todos los puestos de trabajo actuales en las economías avanzadas se reemplazarán por computadoras. Pero pueden aparecer muchos nuevos tipos de trabajos y profesiones que hoy no existen, aunque eso no necesariamente resolverá el problema del desempleo. Como nadie sabe bien cómo será el mercado laboral en 2050, tampoco sabemos qué cosas enseñarles hoy a los chicos en las escuelas. La mayoría aprende cosas que les serán completamente inútiles cuando tengan 40 años.

Entonces, ¿cuál será la función de los seres humanos en ese mundo? ¿Qué haremos con miles de millones de seres humanos económicamente inútiles?

Es la gran pregunta de la actualidad. A medida que los algoritmos expulsan a más personas del mercado de trabajo, la riqueza podría concentrarse en manos de la pequeña élite dueña de los algoritmos todopoderosos, creando una desigualdad social y política sin precedentes. Ejemplo: millones de taxistas, choferes de colectivos y camioneros de todo el mundo tienen un gran poder político y económico en el transporte. Arman sindicatos y hacen una huelga. Pero, en el futuro, todo el poder económico y político podría estar monopolizado por unos pocos multimillonarios que estarán al frente de las corporaciones y que, a su vez, serán dueños de esos algoritmos que harán funcionar a todos los vehículos de manera autónoma. Esto no es una fantasía ni ciencia ficción, es una posibilidad muy real.

Cómo será el futuro de nuestra especie, según el escritor favorito de Mark Zuckerberg

Enigma. Harari se pregunta qué pasará con el bienestar cuando las computadoras empujen a los humanos fuera del mercado laboral. Foto: Rami Zarnegar.

¿Y qué influencia tendría eso en el rol de los gobiernos?

A medida que las personas pierdan su valor económico y su poder político, los gobiernos pueden dejar de invertir en su salud y educación y ser abandonados por el sistema. Debemos recordar que, en el siglo XX, las élites de los regímenes democráticos y autoritarios también invirtieron fuertemente en la provisión de salud, educación y bienestar de las masas: eran vitales para sus objetivos militares y económicos. Hitler construyó hospitales, escuelas y modernos sistemas de cloacas para los pobres, pero no porque fuera una buena persona sino porque sabía que si quería que Alemania fuera una nación fuerte con una economía y un ejército fuerte, necesitaba millones de pobres alemanes para servir como soldados en el ejército y como trabajadores en las fábricas y oficinas. Pero una vez que los seres humanos pierden su valor militar y económico, el Estado puede perder todo incentivo para invertir en su educación, salud y bienestar. Estas son muy malas noticias para miles de millones de personas.

Después de leer su libro, no me queda claro si usted es un optimista o un pesimista…

Trato de ser realista. Soy consciente de los graves peligros a los que nos enfrentamos, especialmente la guerra, el cambio climático y la disrupción tecnológica. En el siglo XXI, la humanidad se enfrentará a amenazas sin precedentes, como el surgimiento de la inteligencia artificial. Pero al mismo tiempo, también soy consciente de que la humanidad es capaz de superar estos desafíos con éxito, como ocurrió con las armas nucleares en los años ‘50 y ‘60, cuando muchos estaban convencidos de que íbamos hacia la destrucción y el apocalipsis nuclear durante la Guerra Fría. Nada de eso ocurrió. Incluso ahora hay menos guerras que antes. Hoy tenemos más posibilidades de morir por comer demasiado en McDonald’s que por culpa de un atentado terrorista. Pero si miro al futuro, soy un poco más pesimista porque no tendremos segundas oportunidades para corregir nuestros errores.

Trump, Brexit, Colombia, pusieron a Occidente en un túnel de incertidumbre y miedo. Los analistas dicen que estamos en una época de ruptura económica, política y social. ¿Qué piensa?

Creo que la gente está perdiendo la fe en el liberalismo, que dominó el mundo desde el final de la Guerra Fría y que sostiene que la humanidad va inevitablemente hacia una sociedad global, democrática y de libre mercado. Y que los que se unan voluntariamente serán recompensados con paz y prosperidad. En los ‘90, la política liberal modeló la política exterior de Estados Unidos y sus aliados y la de los gobiernos de gran parte del mundo. Pero desde la crisis financiera de 2008 la gente se desilusionó. Ya no está tan claro que el Partido Comunista Chino esté en “el lado equivocado” de la historia (como dijo Clinton) y que gobernantes autoritarios como Vladimir Putin y Recep Erdogan (presidente de Turquía) están llevando a sus países en direcciones equivocadas. Hoy, cada vez más estadounidenses y europeos están convencidos de que la globalización es un gran fraude que solo sirve a los intereses de una pequeña élite a costa del pueblo. Lo que hay es una gran crisis de confianza respecto del liberalismo.

Tengo que preguntarle sobre Trump. ¿Qué opina de su llegada a la presidencia de los Estados Unidos?

Es muy peligroso porque podría ser aún más difícil resolver los problemas que enfrenta la humanidad en el siglo XXI. Nuestros principales problemas son de naturaleza global: el calentamiento global, la desigualdad y el surgimiento de tecnologías como la inteligencia artificial y la bioingeniería. Para enfrentar estos desafíos, necesitamos una cooperación global. Por ejemplo, ninguna nación puede regular la bioingeniería por sí sola. No ayudará mucho entonces si Estados Unidos prohíbe la ingeniería genética de bebés y que China o Corea del Norte lo permitan. Del mismo modo, ninguna nación puede detener el calentamiento global por sí misma. ¿Puede Trump construir un muro contra el crecimiento de los océanos? Y como el nacionalismo no tiene respuestas al calentamiento global, simplemente lo niega. Niega un problema que es real. Por lo tanto, creo que la actual ola de nacionalismo es una especie de escapismo: cierta gente se niega a enfrentar los problemas sin precedentes del siglo XXI cerrando sus ojos y buscando refugio en el repliegue de las identidades locales tradicionales. Espero que la gente se despierte a tiempo. Pero como historiador, sé que nunca debemos subestimar la estupidez humana. Es una de las fuerzas más poderosas de la historia.


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